sep 30 2009
Turismo: ¿Shopping sin cortarse ni un pelo?

Leyendo el título se diría que vamos a hablar acerca de consumismo, comprar, comprar y comprar… pero nada más lejos de la realidad.
¿Qué cosas nos gusta hacer cuando estamos en una ciudad de vacaciones? Bueno, pues lo que solemos hacer todo el mundo es ir a la playa si la hay, a la montaña, disfrutar un poco de la naturaleza… ¿pero qué se hace cuando uno visita una ciudad? Lo que llamamos un “city break”
Las chicas seguro que no dudan ni un momento. Ellas prefieren hacer temblar las tarjetas de crédito, fundir dinero, gastar, comprar, o simplemente ir de escaparates (lo que llaman el “window shopping”). Si uno va en pareja está más que perdido. Miles y miles de metros recorridos a pie, metros y metros cuadrados de cristal de escaparate escudriñados, estanterías y más estanterías investigadas y probadores, muchos probadores.
Siempre que me quedo a la puerta de unos probadores me da por reírme solo. Allí quedamos los chicos, mirándonos unos a otros con cara de circunstancias, resignados, abatidos por el cansancio y sin nada que hacer hasta que tu princesa sale con el último modelito haciéndote la maldita pregunta, aquella que respondas lo que respondas no valdrá la pena responder: “cariño… ¿qué tal me queda?”
Aunque lo malo no es la pregunta, sino la espera desde que entra la chica al probador con sus cuatro, cinco o seis prendas (dependiendo del máximo permitido por la tienda en cuestión) hasta que lanza la pregunta. ¿Es que ninguna tienda de ropa femenina puede hacernos un guiño y ponernos una pantalla grande con deportes y un par de sofás mientras esperamos? Eso sería un gran avance. La chica podría probarse todo lo que quisiera mientras uno ve algo de deporte o se toma una cervecita. Esos chicos que se quedan mirándose sin decirse nada, resignados a esperar, hablarían y comentarían el deporte y todos contentos, ¿no?.
Otra cosa que a mi me gusta hacer cuando visito una ciudad es equivalente a cuando una chica se va a un spa urbano, o se va de escaparates… a mi me gusta ir a un barbero a arreglarme esta barba. Bueno, sería barba si no fuera porque los pelos parecen subversivos en tiempos de la transición que corrieran hacia todos los lados mientras los grises gritaban: “¡Disuélvanse!”
Irse a un barbero es algo difícilmente comparable a otros placeres cotidianos. Uno llega, se sienta en esa silla que tanto se parece a la de un dentista antiguo, le reclinan a uno y ala… ¡a disfrutar!
Una buena pasada con espuma de afeitar, un poco de charla, improperios contra el gobierno, el calor o el frío que hace en la zona, bueno… esas cosillas.
Un barbero es casi un compañero de batallas, como un buen camarero, un buen maître de restaurant, un conserje o ese guardia de seguridad que vigila la entrada de tus oficinas, ese que sería capaz de pegar la hebra y sacarle conversación a una piedra que se encontrara.
La sensación de la hoja sobre la piel, el sonido de la barba sucumbiendo al filo de la navaja, el olor de la loción de masaje después… no se si una chica disfruta tanto probándose un modelito o yendo a un spa pero yo cuando voy al barbero salgo nuevo, y para colmo, ¡es relativamente barato!
En mis viajes voy a las barberías y, a diferencia de las peluquerías, aún no he recibido una decepción en el servicio. Es un servicio que cada vez va perdiendo adeptos, con tantas cuchillas de afeitar de tres, cuatro, cinco o veintisiete hojas. No, no, no… como la hoja de la navaja en manos de un barbero no hay nada.
El Estambul disfruté como un verdadero niño de un afeitado y corte de pelo. Los turcos saben bien lo que se hacen. La barbería está entre la calle Muradiye y la calle Nöbethane, perpendicular a ambas, uniéndolas.

Lo de Estambul estuvo bien, pero en La Habana la experiencia fue aún mejor. La barbería de Jorge Alberto Pérez Romero, Calle 23 esquina con Calle H, en El Vedado. Jorge es un artista de la navaja y la retórica.
El precio fue algo curioso, sólo quiso que lo valorara por mí mismo y que le pagara lo que me pareciera justo (claro que siendo europeo le acabas pagando mucho más de lo que sería normal pagar el afeitado, aún así… barato).
Con Jorge pasamos dos horas en su barbería, mientras La Habana recibía un chubasco de impresión, allí hablamos de todo (la política ni mencionarla, claro…) y uno de sus parroquianos nos demostró que cuando se trata de béisbol (pelota, como allí lo llaman) esa gente sí que sabe, y se acuerdan de datos que para si quisiera un buen comentarista deportivo.
Creo realmente que los barberos debieran dar un impulso a su negocio enganchándose al tren del turismo. Ofrecer un buen servicio mientras la parienta se va de “shopping”. Acoger al turista como a sus propios parroquianos y hablarles de todo aquello que le comentan a los de cada día. Si yo dejo mi gaznate en manos de un barbero armado con una navaja afilada nada hace pensar que otros turistas no gustaran del “turismo de barbería”.
Veremos qué pasa…
Saludos / José D.
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Sí que tienen encanto las barberías, a mí ya me gustaban sin saber todo lo que cuentas que puede suceder ahí dentro.
Me gusta la estética, es como un espacio que se quedó guardado en el tiempo, que han dejado intencionalmente para que los del presente no nos perdamos esa belleza minimalista.
Y sí que sería una buena idea que los sitios de tiendas encuentren un entretenimiento para los caballeros que tan amablemente acompañan a sus damas, sabiendo previamente al sufrimiento al que serán sometidos. No sé, algo así como un pelotero para los niños….
O tal vez dejad que vayamos solas, no nos perderemos, no os preocupeis. Solo que tardaremos un poco mas de tiempo sin nadie que nos esté pidiendo explicaciones lógicas de por que nos probamos la misma prenda tres veces, o por que miramos cosas que sabemos no vamos a comprar….. no tienen lógica, simplemente nos gusta.
Saludos
Marina
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Hola Marina!
Jeje, tienes razón… solas también sabéis ir de compras y con menos preguntas, toda la razón…
Aún así, hay muchos chicos que se ven arrastrados a ese trance y tienen que ser escuchados, ya que la ONU no les defiende y las tropas de misiones humanitarias no hacen nada al menos Aerum sí les tiene en cuenta
Volviendo al tema de las barberías, efectivamente, tienen una estética muy interesante. Estoy seguro que harías un gran trabajo fotográfico (link por gentileza de Aerum: http://www.marinaluzfoto.com )
A ver cuándo podemos colgar fotos tuyas de apoyo a los posts, seguro que lo hace todo más glamouroso!
Saludos / José D.
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